La música actúa como bálsamo frente a un amplio conjunto de dificultades, trastornos, y sufrimientos. Como cantante lírica y por mi experiencia de investigación, he podido comprobar, por los resultados obtenidos en talleres y de orquestas en barrios vulnerables, que la música eleva el espíritu y potencia la autoestima; es una alternativa de contención frente a los padecimientos derivados de la pobreza, del abandono, de la falta de afecto... ¿Quién podría vivir si su vida es un gran sinsentido y su ser, un anónimo superviviente que transita en la desolación absoluta? Y si decide resistir ¿de dónde saca los recursos, y el deseo por la vida? La música realiza un rescate social bastante particular: facilita el desarrollo intelectual, la creatividad, el entrenamiento en el trabajo y la disciplina, elementos estos de inclusión y de dignidad, que recomiendo implementar en los hogares de niños. El dicho "no sólo de pan vive el hombre" encierra una gran sabiduría y denuncia una condición óntica del hombre: la búsqueda de trascendencia.